Estoy leyendo una novela de un tal Eduardo Mendoza, si mal no recuerdo su nombre. Por lo que leí en la red, es un autor afamado de 20 ó 30 años a esta parte, más o menos, español para más datos. La novela consta de unas 540 pp. aproximadamente, y es llevadera (Divididos dixit).
Una cosa que me molesta -porque la historia transcurre alrededor de 1900, en Barcelona; entre dos Exposiciones Universales que se realizaron en dicha ciudad, más exactamente- es que el autor, que se informó de detalles históricos y edilicios de Barcelona para esa fecha, traslada los datos recabados a distintas páginas de la novela, sin hacerlos materia literaria, sino simplemente como copiando oraciones de sus manuales al libro.
No queda mal, pero tampoco me agrada. De todas maneras, la novela es liviana y se deja digerir fácilmente. Es una novela de entretiempo: una pausa entre lectura y lectura de otros libros que una amiga llama más exigentes, o "no para cualquiera". Pero libros lo son todos, y pasarla bien con un texto es lo principal: como que, si no le da el cuero a uno y además disfruta de lo liviano, para qué exigirse.
Ese criterio de lo fácil y lo difícil es más bien tonto. Es una tontería de la inteligencia, al menos como frase o parámetro. Cierta distancia que simula el inteligente, quizás. O cosas de la edad.