6 de junio de 2012

Y cómo irán las ventas

Desilusión. Muy pocos me conocen. En la entrada Entre nos hice un relato o "muestra narrativa" sobre cómo había vivido yo la presentación de Naturaleza muerta en la Alianza. (La Alianza, de la que fui alumno por años, y ya no sé si aún lo sigo siendo: Langues 5 á 12, sin terminar.) Leía hace un rato Oeuvres poétiques [de Verlaine] en edición Garnier, y pensaba cuánto, cuánto me hubo costado poder llegar a disfrutar de sus versos como si fueran música. Fonética trabada, errores turbios, hasta llegar a haber podido ponerme a leer y chau, hace dos o tres horas, Poèmes saturniens. 

(El caso es grave. Verlaine y Rimbaud, enamorados, terminan al borde del crimen. Verlaine le descerraja uno o más balazos, y no sé cuántos habrán sido disparados, y que impactaron en la pierna, por lo cual "se liga" dos años de "encierro". Historia pasional, ustedes ven.)

Así que leo en mi sonar o voz que mira: versos a veces dulces, otras arrebatados, y frases reguladas o taquicárdicas. Después me canso; tomo un libro en alemán (es de un amigo mío), y retomo la lectura: nueva fonética a recuperar, nuevo programa. 

Pero me canso de leer en voz alta. Quiero decir: me extasío primero y me agoto después. (Ensayos naturales de dicción...)

Y me acuerdo de mi tercer libro, recientemente aparecido, y pienso: "¿qué?, ¿nadie lo va a leer?, ¿pasó al olvido?". Estarían pasando al olvido, entonces, algunos años míos: vividos. Es así. Para eso escribo.

Error de tipeo

Fumo. Hiervo la pava, que ya va a estar. Frío en Córdoba: estoy con las sandalias, y sin medias. 

Compré (por 37,25) 2 paquetes de tallarines, 100 gr. de aceitunas, 1 "pote" de dulce de leche, 1 CJ y una Brahma. La Brahma, para tomar juntos con mi amor (le gusta ésa). Me decidí por "amarrocar" pastas: me jugué por hacerme de una pequeña reserva, bien que provisoria; de cosas simples, digamos. La compra fue efectuada en lo de Andrés. Sirvo mi mate en el porongo que me donaron en tan buen hora, y ausculto mis pertrechos: billetes en la mesa; una moneda; las demás cosas. A saber: un encendedor, el cenicero marrón, y la etiqueta (casi ya vacía). Más elementos están servidos en esta especie de escritorio. Me desentiendo de ellos; sólo registro lo básico.

Observo con cierto detenimiento, un poco expectante: son dos billetes de 2 pesos, bastante como que un poco viejo, ya, uno de ellos. Los tomo. Entonces, a mi visión se "brindó" otra moneda: una de 1 peso, posada o fija sobre una hoja de cuaderno rallado, doblada en cuatro. Tomo la otra moneda: 10 centavos. La vuelvo a abandonar a la deriva, muy cerca de la de 1 peso. 

- . - . - 

Mitre en celeste. ¿Presidió la Nación? En todo caso, y si mal no recuerdo, pongamos que, en la famosa tienda de campaña, trabajaba afanosamente en su Infierno, a partir de lo de Dante. Hojeé un poco dicha traducción; un poco antes, digo, de terminar el secundario. 1990, quizás. Tremenda lectura: tercetos, y con rima. ¿O puede que no haya sido así? (Proyectos destinados al fracaso...)

Suena una moto su bocina, allá por la Agustín Garzón. Después: silencio. Ritma el teclado como loco: marco --¡Lettera 23!-- los graves de la memoria y cosas. 

De pronto, sin aviso, se me genera un "silbo" de alcance. La distracción ejerce. Libertad prácticamente total de ir a cualquier parte...

(Como que me relajo. Ahora escribo libremente. Grabar imágenes en medio de la pista. Como para que marque. Como para que te fijés en los objetos.)

5 de junio de 2012

Documentos

(De La Voz, versión digital.) 
El procedimiento, rutinario, agota: parada la cana (bastan uno o dos patrulleros) frente al Dino, indican detención de taxi. Se acerca un "oficial". Bajada la ventanilla del conductor, se procede al relojeo de la ocasión, a la formulación de la palabra: "documentos"... 

Entrego, "contemplando" la Función: rutina "a dónde se dirige" y similares. Padezco levemente el trato, padecimiento que varía en relación al "oficial" de turno, lógicamente. Rutina, nada más; pero como que se prolonga un morbo implantado, ciertamente, en el '92; aproximadamente al iniciarse el Día de los Trabajadores de ese año...

(Pregunto si es obligatorio el que circule, mano en mano, mi DNI; y cómo proceder, para oponerme. Prometo aprendizaje subsiguiente.)

3 de junio de 2012

Especie de introducción

Dado que ladran, caminemos, querido lector. La noche es apacible: aquí, en La Babía. Tengo conmigo el mate de rigor; tengo conmigo puchos; dispongo de los servicios de Fibertel. Como que todo propicia el cambio de tono... Entre nosotros, lector, ¿qué haces, ahora, aquí, después de haber buscado tanto? 

Para empezar, observa: en la columna de la izquierda, bajando un poco, encontrarás mi lista, mi, permíteme, esmerada selección de blogs --sus links correspondientes--, aquellos que, por así decirlo, vale la pena visitar. Sí: según mis gustos. Selección, diría últimamente, marcada por los afectos, también: unos más otros menos, todos me significan. Y voy puliendo la lista; y alguno cae; y alguno nuevo aparece. Todo, según un capricho exquisito y, en el fondo, personal, que bueno sería que consideres. 

Está caballo de fuerza, por señalarte el más reciente. Siento, incluso, una gran satisfacción por haberme decidido a incluirlo en esta lista que digo. Y puede que haga mal: porque a través del link de marras podrás tener acceso, si así lo juzgas conveniente, a muchas grabaciones de que podrás disfrutar mediante la correspondiente descarga gratuita: algo loable. (¿Por qué loable? Porque sé del criterio y amplitud, en lo que a la música se refiere, del administrador de dicho sitio.) Ni más ni menos; algo, por otro lado, que cae dentro del orden de lo así llamado "ilegal".

Hay otros links. A todos ellos acudo: en un momento u otro de la semana. Principalmente para leer, sí, en toda la amplitud del término. Prácticamente ninguno pone en práctica tajante la así llamada "piratería"; pero todos ellos son, en un sentido u otro, ejemplares. 

¿Valdrá la pena el que hayas visitado este sitio? Anotaciones, digo. Te lo responderás al leer mis prosas; pero también al atender, moroso, a los demás detalles: blogs que frecuento, lo dicho recientemente, links a mis otros blogs, etcétera, etcétera. Y no pases con prisas por aquí: porque en este sitio se cuecen habas que no quieren ser del orden de lo urgente, de lo precipitado, de lo atropellado, en suma. Ninguna novedad busques en sus entradas: sino la palabra que piensa y siente, y que se conmueve y llora; y que también ama y sufre; y que reflexiona... 

¿Te armarás de la debida paciencia, querido lector? A nada obligo. Sólo susurro: "aquí, gente del palo". 

1 de junio de 2012

Mis cuarenta

Mierda... Qué melancolía de cuartos ahogados, el último post... Cuartos del mantelito pálido beige, de la carpetita onda crochet total, de los patincitos de felpa para no rayar el parquet, esos de Miguelito... ¡Juira, juira, bicho! No, no, más fuerte: ¡¡¡juira, juira, tremendo bicho feo!!!

Si yo me pusiera a contarles la de cosas que pasé los últimos días... Pero no, vamos a los bifes: Blogger mandó eliminar Toy enojau, sitio, ahora, ya de no ser; el bueno de Ferraioli dio, en Catedral de hormigas, el correspondiente parte de baja, en una entrada recién salida de horno y titulada Silencio. Qué vachaché: "si te gusta el durazno, bancate la pelusa", tiraba Moria hace un tiempo; y yo, y varios otros, estamos dándole, meta que meta molar mediante, a una pelusa asquerosienta mal como es la de las, seamos objetivos, Normas del Servicio que nos yapa, flor de pelotuditos banales nosotros, Blogger, normas que ya todos nos tragamos mediante el ya famoso clic ("¡quiero mi Coca-Cola ya, hijos de puta!") al ya también famoso link "Estoy de acuerdo" (¿y la letrita chica, pa' cuándo, leerla, digo? ¿Ah?). Quiero decir: Blogger es, maldita sea, un Gran Hermano más, uno de los del undécimo mandamiento, ese que dice: "No piratearás". Y voy y me rebelo, Lucifer. 

No le va a hacer tanto. La cosa --yo, que estoy metido hasta las verijas en "El Emporio Blogger", digo-- es decirlo: y escribirlo de nuevo, insistiendo: Blogger Capitalista Consumista Chirle Mal. Imperialista, de paso. No sé si va a venir a darme el chaschás en la colita, pero no importa: es pa' que tenga. Vaya uno después a saber cómo es lo del análisis más fino, el juicioso; hoy por hoy pinta cantarle mis cuarenta al host de turno ("¿tenés un blog? ¡Qué liiindo...!"). Ni mucho que se vaya a enterar; tampoco es que pasara por ahí, no se crean. 

Nada más. Toy enojau proveía de discos gratis de jazz contemporáneo y aledaños. Blogger, dentro del marco de la embestida última de los mandamases del Mercado casi casi que naturalizadamente vivido por todos y cada uno de nosotros (ponele: por el 99,99 --y siguen varios 9 más-- por ciento de TODOS nosotros) contra la piratería (digo: si hablamos como quieren que hablemos las discográficas, usuariítos de "La Tan Disneylandia Promesa Evanescente Regodeo (y no pensarla demasiado, tampoco la pavada, no vaya a ser que te enganchés, cancán...)" Internet, sosegaditos y rozagantes, etc.), lo volatilizó de un plumazo (de un, más bien, sequito clic de algún anónimo, y que tan prolijitamente cumple con las órdenes de "The Patrón Inc.", empleadito de Google & Cía., eficacito y desalmado mal). Gracias por lo recibido, Ignoto.

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(05/06/2012; 11:06 hs.) -- ¿Gratis? Ni tan así... Digo, Cablevisión y Fibertel mediante... 
 

28 de mayo de 2012

No hay centro

Ya de pocas cosas vale la pena realmente hablar. Notoriamente enteco, mi poder de mirar, de apreciar dando a lo visto, a lo vivido, forma. Esa mujer que pasa por la calle, de anteojos negros y cola de caballo, ya pasó. El mate que ociosamente consumo, el cigarrillo --modos de estar en la duración que prefiero: la de ahondar-- son ahora apenas nombrables: ahora, de hace un tiempo. Sólo la forma salva. 

Salvar... ¿Puedo yo, desde mí, salvar algo mío; salvarme, incluso, a mí? ¿Yo, durar? ¿De dónde esa ambición? ¿Y para qué? Sólo algo lourde (épouvantable encore?!) podría instalar en este mundo o proyecto, algo de mí siempre costosamente extraído, por otra parte, y además sin garantías de ningún tipo (¿o quién podría en absoluto darlas?). La voluntad, la voluntariosidad no bastan. La salvación --la memoria que de mí, de lo mío, se guarde o cultive-- será siempre asunto de los otros: de gente en el fondo soñada, y en todo caso ajena. (Es como si, en el fondo, me imaginara a mí, en el futuro, siendo los otros, sí, pero con mis propios ojos, mi propio ser: leerme totalizadamente: ubicuo, generoso; desafortunada red de Indra.)

"Uno es uno más." No logro, hasta ahora, alcanzar a consustanciarme, ni mucho menos, con dicha noción. Narciso y sus columpios de defecar algo que todavía aprecia: no me sale entregarme aún del todo al mundo, no me pierdo, no consigo olvidarme, no del todo, de mí: siempre queda algún resquicio, más o menos marcado, siempre me acomodo en el buen parapeto de la niñez. Pupilo de una suerte a la que pretendo manipular, acción inútil, terca, pierdo y más pierdo, empecinadamente: ¿diferirán por siempre el premio que tan fijadamente anhelo y lo que de hecho, a cada segundo, podría, sin más, tomar: ese sabroso, inagotable don, teórico para mí hasta ahora? 

Cebo mi mate, lo contemplo. Hermosa herencia, tenerlo aquí, conmigo; hermoso regalo, hermoso gesto, generosamente concedidos. La Agustín Garzón, con sus autos pasando, sin detención aparente, por un lado, y una sonata para piano de Beethoven, por el otro, pujando por sobrevivir a través de todo páramo: vías paralelas que mutuamente se desconocen; y sólo yo las vinculo, sólo yo quiero generar un nexo entre ese pasar preponderante y esto otro, frágil y bello, que se pierde, se perderá. Formas y formas, formas que surgen y que luego decaen, hasta la desaparición, formas que se imponen por cierto tiempo, que a veces logran perdurar por siglos y hasta por milenios y que finalmente se apagan, se hunden, pasan --y esto hay que dimensionarlo, cada vez, todas las veces-- al olvido. ¿Y qué es lo que realmente merece ser olvidado? ¿Quién podría pronunciarse, con justas fuerza y razón, sobre ello y para siempre? 

Nimia melancolía. Quizá el cultivo de la tradición (quizá leer y volver a leer a los poetas que amo, y sobre todo a los de nuestro idioma --los de Argentina y los de los otros países de habla castellana--; los contemporáneos y "los de siempre" --tan gratos, éstos--) tenga que ver, al menos en mí, con esta mezcla de horror y fascinación (¡estremecido abismo!) ante la caducidad de cada cosa: de cada cosa, pequeña o grande, de cada objeto y hasta de cada instante, de cada sensación y sentimiento: de toda forma, en suma. Y no veo factible decir que en todo, proyectados, me estoy colocando a mi y a cierto pueril sollozo por haber de morir. No es eso, no. Forma es belleza, nada más. Y todo lo que es bello quiere perdurar. 

(¿Nietzscheanas formas, pletóricas de vida y fuerza, pujantes, jóvenes? ¿Sencillas formas agraciadas de la apacible vejez, delicada y venerable? ¿Formas incluso de la fealdad --"lo feo rescatable"--?)

Narciso que a toda costa argumenta, taimado siempre, Narciso al que tanto le sale "seducir" --¿le irán a perdonar la vida, blandengue gusano?--, lo cierto es que escribimos. La penosa contemplación de la fugacidad de todo, desorbitada conciencia de la esencia última de lo real, nos aniquila. Escribir apretando los dientes: quizás ésa sea la última lección posible o, al menos, una llave buena, potente --¿pero durante cuánto tiempo se impondrá?-- con que puedo seguir pergeñando estas anotaciones que con tanto gusto, habrá que confesarlo, doy a conocer. Especie de autoengaño que me disciplina; especie de subterfugio (no quemo aún las naves) con que, hoy por hoy, consigo no callar, -- no resignarme. 

13 de abril de 2012

Entre nos

anoche, anoche, anoche. anoche, despuEs de presentar naturaleza muerta en la alianza, cuando por fin estuvimos en lo de la ceci, me puse a leer (ya ella descansaba) poesIa. leI de un libro de alejandro bekes, una antologIa de su obra que va de sus primeros trabajos hasta, por asI decirlo, la actualidad, libro que gentilmente me alcanzO pablo anadOn. el hermoso volumen --bellamente editado, y de contenido mAs bello aun-- venIa con una breve y cAlida dedicatoria. y leI. 

leI durante dos, tres horas. leI versos hermosos, sabiamente pulidos, profundos, de una, cOmo decir, buena, honda virilidad: sensibilidad estremecida por momentos, y una lenta pasiOn meditada. 

no digo que asi escriba, que asI sea bekes. digo que asI me llegaron, anoche, esos versos, rendido yo de felicidad y gratitud por tanta gente hermosa que me acompanyO, y obligado ahora (reafirmado en ello), por asI decirlo, a seguir leyendo, a intentar, con cada nuevo poema, con cada nueva anotaciOn, a ir por mAs: a seguir trabajando la palabra: orfebre, sI, enamorado de su oficio, pero tambiEn escritor consciente --lUcidamente consciente; y ojalA que no se me olvide demasiado pronto, ay!, dicha certidumbre-- de que, en el fondo, se tratarA siempre de eso: hay que forjar frases lo mAs bellas posible, sI, pero sOlo para aquellos que saben disfrutar de ellas. cOmo decirlo: agradecido, repito, pero tambiEn con un renovado impulso para la tarea de siempre. 

asI, ese eje del cual hablara anoche elisa molina al referirse a mi libro, esto es, la soledad, se volviO fruto, pongAmoslo, sabroso. eso desesperado y obtusamente tozudo de escribir en el apartamiento, en lo yermo y hasta yerto, se volviO "sandIa / partida a la mitad" (esa malicia que se disuelve como terrOn de azUcar al contacto con una gota de agua; y habIa habido tanta, tan prolongada sequIa...): porque otros oIan: porque otros estaban atentos, mAs, muy predispuestos a mis palabras. y atendIan a ellas por eso que antes dije: porque gustan de los versos; de, si lo hay, el arte --que nunca se posee, bien lo sabemos, sino que a veces aparece, caprichoso y jovial, y nunca porque nosotros asI lo decidamos--; de, en la gran mayorIa de los casos, la afanosa, ardua artesanIa, tan gustosa de practicar, por otra parte. 

quE cosa que se me evidenciO anoche, y de quE manera mAs patente: escribimos sOlo para quienes gustan de leer; recitamos sOlo para quienes gustan de oIr. quE dolorosos e infructuosos, amEn de amargos y hasta sin sentido, que se vuelven los dIas y hasta los anyos, como venIa siendo mi caso, cuando intentamos hablar de poesIa con aquellos que no la aman: aunque esas personas sean las mas queridas, aquellas por las que todavIa gimotea, pusilAnime, el conflictuado corazOn, las de, incluso, los lazos, no temamos en confesarlo, de la sangre... para no hablar de ese otro "pUblico", tantas veces (venIa escribiendo de ello) tan neciamente apetecido: todos los poseIdos por la fiebre de lo Util y demAs menjunjes de la figuraciOn idiota y el poder... 

entonces: leI. se me renovaron los ojos, la voz, la pasiOn por los versos, por la literatura. tantas cosas y ocupaciones en el mundo, y yo, seamos groseros, meando fuera del tarro... entonces, insisto (sean benEvolos con mi estulticia: debo perentoriamente terminar de entenderlo): leer, escribir: para los que leen; para los que escriben. y "que se curtan" (frase murrumuac total, en furibunda): los de sOlo el diario, los de sOlo la telenovela, y todos esos que ignoran y hasta desprecian ese otro mundo: los libros...

9 de marzo de 2012

Noticia bomba: encuentran supuestos cálculos babilonios del escritor Carlos Fuentes

Pareciera que hay que escribir mucho. Que, visto que esto es lo que en verdad nos gusta, hay que entregarse a ello sin mayores tardanzas, y cuanto más prolijos y aplicados seamos, mejor. Que, llegados a cierto punto, lo mejor que podemos hacer es dedicarnos a una producción vasta, copiosa, dado que ninguna otra actividad nos justificará. 

No es la primera vez que escribo sobre esto, esporádico lector. Leí hace poco o me dijeron que Carlos Fuentes dedica ocho horas diarias a la literatura, "ímprobo esfuerzo": destina cuatro horas de sus mañanas a escribir, y cuatro de sus tardes (¿durante la siesta?; ¡¿o ése es para él, como para tantos de nosotros, un momento más sagrado aún?!) a leer. Pensé en mi hacer (Fuentes es un prosista a quien admiro de hace rato ya; digamos que no puedo permanecer ni mostrarme del todo indiferente a lo que un tipo como él haga o deje de hacer): quichicientas horas con los librejos, y escribir muy de a ratos, cuando se me ocurre algo. Yo sería, de última, uno de esos escritores denostados por Arlt, uno de esos ociosos que redactan hastiados sus lánguidas páginas en las horas perdidas, desleídas, presas ellos de algún spleen de neto corte aristocrático, elitista. La escritura como un lujito más de todo diletante o procrastinador en ejercicio. 

Anoto, para empezar: Fuentes es un escritor profesional. No sé si tendrá pactado con tal o cual emporio editorial el ir sacando libros con también pactada regularidad para una venta más bien masiva, best-sellerista él, pero en todo caso es uno de los "realmente grossos": porque dictamina, eleva y defenestra, graciosamente concede; en suma, porque es un "pope": un peso pesado de las letras mexicanas, maldito carcamán. 

¿Me equivoco? Tengo en mi biblioteca Geografía de la novela. Ahí ensalza en cada uno de sus capítulos a tal o cual escritor, siempre prosista si mal no recuerdo. De última una sencilla, directa, inapelable lista de autores (y las razones, claro, por las que los elige), dejando afuera a muchísimos, a infinitamente muchísimos otros; y algunos de estos últimos se habrán hecho cargo; y a algunos de estos últimos hasta les habrá incluso dolido, y hasta se habrían sentido --¡íntimamente, íntimamente!-- desairados. Según una de las últimas Ciudad Equis (revistita local), últimamente ha presentado al público lector otro volumen de ensayos o notas periódísticas en la misma línea. Fuentes sería, entonces, un "árbitro de la elegancia" o, más exactamente, de la maestría literaria; me refiero a que señala a tal o cual y declara, bien sueltito de cuerpo: "éste sí que es bueno"; y le creemos. 

¿Tiene lo suyo algo de malo? ¿Llegar a ser como Fuentes es el ideal de todo escritor que se proponga hacer "bien" las cosas? En todo caso, estas reflexiones (tristes, mediocres, basiquitas) salen de escribir sobre la tarea de escribir: sobre la supuestamente copiosa tarea de escribir. 

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Todo está atado entre sí. En la actualidad pocas veces se habla del escritor como de alguien puro, noble, elevado. Digo, quien hable en dichos términos probablemente sea abucheado por la actual mayoría. Y no es que el escritor haya terminado por huirle a su querida Torre de Marfil --lugar mítico y pulcro, ascético y falaz--; al menos en mi caso, cuando escribo estas anotaciones, varias veces me ha salido mostrarme como, a ver, un hilachento, un guasex cualquiera, y de algún modo u otro eso para mí es marcar que soy muy muy como el resto: como "todos esos" que no escriben. 

Sí, sí: también sabemos ser intelectuales y seriotes; y hemos leído una pila de libros y manejamos mal que mal un tocazo de cosas: agudísimos detalles y sutilezas mil que la verdad que con muy pocos podríamos, teniendo en cuenta el total mundial de hispanohablantes, conversar (en parte también porque el Océano de Todos los Libros es hórridamente vasto, completamente irrevisable en su temible totalidad), así como preguntas y confusiones la verdad que capciosas, en las que nos enredamos bonitamente y de las cuales quizá nunca nos terminemos de desembarazar. Pero también --la gran mayoría de nosotros al menos-- somos verdaderamente unos muertos a los que no los conoce nadie, muertos que se afanan quizá por publicar, y por medrar, y por conseguir aunque más no sea un cachito de reconocimiento. (De Quién o Quiénes, habría que, en el fondo, indagar, nobles y despiadados.)

Fuentes es famoso; nosotros los muertos, no. Entonces, pergeñamos y pergeñamos y pergeñamos, y, por ejemplo, a mí se me ocurre calcular que la fórmula es escribir mucho. Aunque no trascienda. Aunque en realidad sea otro modo o una nueva modalidad de la épica kafkiana: entregarse a una tarea interminable e inútil, y que el que escribe ahonde cada vez más en sí mismo --sea ese "sí mismo" su propio espíritu, su vanidad, su tremenda ceguera--, y que poco a poco, y sin que realmente se lo proponga o sepa cómo o por qué (digamos: si sucede algo básicamente del orden de lo inesperado), llegue a algún sitio, no de la fama sino, pongámosle, del alma o del crecimiento interior; o, por qué no, alcance la desesperación suma, y decida entonces, provechosamente (digo: para sí mismo; para sus propios fines, que "en verdad" son los únicos realmente valederos, los únicos realmente profundos y por eso mismo auténticos; o aquellos, al menos, que nunca debiéramos, en honor a la salud, descuidar), pegarse el buen tiro u optar por algún otro método lo más efectivo posible de liquidación "de sí".

Es decir: la meta no es la fama, o no obligatoriamente. Y uno no sabe si la cosa de escribir puede plantearse del todo desde un análisis taxativo de los medios y fines correspondientes, los que, seamos sinceros, la verdad que cambian a cada rato: porque en el fondo somos bien volubles, sobre todo y justamente nosotros, los que le damos y más damos al tecladito. Que de qué se trata si no. 

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Una Vida Ordenada: ¿pero es posible siquiera tal ideal? O al menos, y con una mano en el corazón: ¿para actividades como la de escribir? En todo caso, ¿qué subyace, como supuesto, en estas dos preguntas? Quizás el romanticismo decimonónico a pleno, o su aggiornamiento posterior, esto es, el bendito y tan atractivo surrealismo, con Freud y el inconsciente metiendo la cola sin ningun clase de pruritos. Algo así como que habría en nosotros mucho del orden de lo irracional, por un lado, y que habría que asumirlo plenamente y hasta enrostrárselo, mediante los textitos de rigor, al resto del mundo (¡que tanto lo estarían reprimiendo!) en una especie de misión sagrada, por el otro. Ergo, hay que escribir, y además mucho: para redimir al esporádico lector. 

Al toque, me cubro: no digo que sea así, o taaan así. Digo por lo pronto que estoy pensando. Y que me cuesta bastante hacerlo: no me sale ser riguroso, y encima no tengo acá a mano ni en la memoria ningún panorama o mapeo previo, claro, exhaustivo de la cuestión, por lo que la tarea de analizar con un mínimo de decencia el mambito de marras es realmente ardua.

Uno, de última, quiere organizarse un poco aunque más no sea; quiero decir: no deambular tanto ni tan a los tropezones por el quilombazo patrio de la incertidumbre, por el desoriente, que a veces --tampoco tantas-- confunde, de no saber nada a ciencia cierta. Quiere un poco de método. O hacerse de uno nuevo: porque este con el que actualmente cuento la verdad que ya no da para mucho más, o se me hace. Uno, ahora, -- yo, ahora, escribimos para poder seguir escribiendo: aspiramos a un mínimo de coherencia; a mejorar, de algún modo. Todos, en el fondo, nos debemos a algún oscuro, vago dios interior: y a algunos de nosotros se nos da por escucharlo, por querer hacerle caso.

¿De qué se trata escribir? Una vez más, sale preguntarlo. Y sale pensar que al menos uno sabe o es consciente de que tal actividad puede ser llevada a cabo de varios otros modos que como lo venía practicando: mejores, peores, y hasta diferentes. En cualquier caso: si logramos escribir de otro modo (de un modo realmente distinto: renovados) que el habitual, no podíamos saberlo de antes; no podíamos, ni de lejos, avizorarlo. No hay guía, de última. No hay Guía Absoluta, no hay nadie Que La Tenga Totalmente Clara, y, así, tampoco habrá ninguna Vida Ordenada, ningún Modelo de Vida o Prototipo de Hombre Cabal, digamos. 

¿Qué concluir? Confiemos en el lector, musito (lindo, patético verbo). Él verá si lo nuestro vale la pena o si, por el contrario, hay que obviarlo sin más, descartarlo sin ni siquiera demorarse mucho en ello. Él nada más filtrará, y lo hará más allá de nuestra voluntad, de nuestro afanoso pergeñar. Uno es uno más, no el Privilegiado de la Escritura. El que yo escriba mucho, poquito o nada en prácticamente nada cambiará "este sistema de cosas" (frase Testigo total). Sólo a mí me significa determinar qué haré con mis horas, con el tiempo de vida (que es el único) que me queda por delante. Ya dirá, si llega a decirlo --él: el "por ahora" esporádico lector--, si suavicé sabiamente mis vinos; o si los, por decirlo de algún modo, cálculos babilonios de Fuentes y demás eran la posta. Quizás encima el carpe no pasaba por este tan infructuosamente carpir, tierrita pobre.