Soñé con la loba romana en forma de ayudante alumna que aumentaba, nariz mediante, a nuestro bebé. "¡Qué asco!", decía otra. Puedo seguir estudiando.
Tomo unos mates de lagrimear de recién amanecido, me acuerdo de mi gata gris, que todavía está en el techo, y pienso que sólo el hambre la obligará a bajar; pienso también que entonces comerá con su parsimonia característica, que beberá sin tregua, y que saldrá de nuevo a darle a los muchachos. Así, hasta la extenuación, que nunca alcanza, la muy guacha. Eso es la vida según ella, según Tobi, según la mayoría de nosotros. Tumbas selladas.
"Forma toootal sin sentido de sí". Me siento juvenilmente tranquilo. Miro las cortinas/mantel, las veo acariciar el aire. El aire, que está fresco. Pulóver verde de las agujas de mi madre, me cruzo de piernas. Haré algo Güiraldes: miro las llaves, al pasar. Luego agrego: caíanseme con cierta regularidad, hasta que logré quebrar una de ellas. Y esa broncínea superficie, ese color que la bañaba, entonces vi cuán apariencia era, cuánto fachada, qué pedacín de chota promesa. Y eso pasó hace días.
Así, llaves, bueno, pero que abran. Manojo yerto, te aludía: sólo para mi prosa. Difícil, esta vida de apreciar, empecinado mal, lo particular/fantasma. Fumo gustoso, dolor muy leve en la garganta, las pastillas algo la transforman, me muerdo el labio en gozo de lo que suena, "mientras yo te busco te busco", músicas que el alma ritman y conducen. (El alma es cosa mía, no persona: ahora lo veo.)
Con respecto a la noción de unidad: no estoy en ésa, ahora. De última sale, pero ¿para qué quererla respetar? Me rasco la médula espinal y las mamarias, peluche la entrepierna, sé que mi pelo es corto, siento que alguien se higieniza allá atrás. ¿Julio Requena, en un rato? No. Quizá acabar con Leopardi. Tomitos de la incandescencia o vermes, por más que aburridamente lo sepamos.
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Meandro, digo, Escamandro, mitones, sarpullido feroz, pizza sin patas. Cojo mi liendre, exulto, zalemas como la vencida, rasco la pauta contra los innúmeros, convoco visos o su regodeo, estipulo miserias, carpetas como la cresta coadyuvante, pasillos adocenados, dije, empanadáceas que mascás como si fueran fieltros, sol o la carencia de aroma a limpio en aires, patitas las inmóviles en la costa que no chueca es, lactancias esa endovenosa, y no está mal, sueño ronquidos o de la regoldancia en puerros, motivos escalonados y la fajina, sol o cancelas que no puedo desmerecer, febril, ni siquiera de a ratos.
Bailo gironamente redundante en el Areópago, bailo con los rasguños preconcebidos, bailo contra la piel o jirones a fingir, jirones a flagelar, jirones manumitidos yá. Pelotas pican como gigantescos arrecifes -muy de película-, mareos a dos manos y ningún número agotado, guasito que guedejas esculpía en andas del que ya dije, somnífero presionable que resumimos por indiferente, grito pelái el cofre, sonrisas y devastaciones como moneda o fuente de Gloria en inodoro, y corre el agua, y su valor no puede diseminarse, imaginario todo.
Colapso, pues, para cualquier mancillable, mazapán de quien escande Patroclos -"caballos lloran"-, sol o la distancia del tedio a pie, guasito que mucho hinchaba con el "salid a los caminos", qué feo que se desgañitaba con su mal "vosotros", sordito él, bailo sentado la neoCumparsita, ungüento y los dogmáticos. Por andamiaje, el lino; de cada pared, ojotas abandonadas (ése es el final, che).
11 de septiembre de 2008
10 de septiembre de 2008
Posturas diversas para soltar la pluma
Volteó la depresión, redoma esparto quieto, lazo contra el otrora, dijes: agonizar cuarteando lumbres. La cosa, tantas veces exagerada, deriva en arcadas o malabares clic de muchos, olvido y pelandrunes que se malician o relamen el cuarzo cuarto quieto de sin sábana, de sin aire, de con ropa apelmazada, mugrienta, bollo, aljibe interesado, vajillas que olvidaba tras la entrepierna bíblica, consejos de la Fito con todos esos sexos estereotipados, ya, de niños, lodo para crisálidas o de la yacija meable, es más. Pieza sin portafoco -perdón, Laviga, estoy tomándolo-, cuerpo que es como los entretejidos reproches de cualquier eslabón tontito, las verjas embaldosadas y abandono (vegetación, pobrerío, cloacas de discurrir manso, plásticos, pañales), la liana es perdición, la sola Córdoba o llano, cinturón verdáceo contra el emperifollado armadillo que chacarerea, baquetas/cultrum/repique, tuerzo la espalda para que me dé más frases, música juega al kurupí, resabio establecido en andas, deambule en bulos de la violencia, la carraspera o colectivo al choque, estás ahora ahí, vamos al pie.
No tan honesto, cruce de entimemas, medís y no sabés, severa regla de tasar estímulos, pabellón La Mansa, no es eso hablar. Diversas que rodeo, si voy al muere, ¿aceptarías decepción?, por mor de claridad, entonces dije.
-----
Qué feo despertar: depre, decepcionado, malo. Leí Leopardi, ese heroico descabalable, aunque muy al rato logré darme cuenta de que sus versitos -su traducción, encima- tenían algo más que sonidos. Comí un buen estofado, y me embolé con mi depre: sencilla, muy vencible, aunque no tan inocua: me lleva a la deriva, una vez más.
Y cómo no amar la deriva: me da la posibilidad de escribir. De darme el tiempo de decir. Por más que la sequía, por más que ojos secos. Hundido en el colchón, respiré, retomé el libro y, vencido y más pálido que arrabal, me fui a terapia. Y por una vez mi analista no me sedujo, no me derrotó en claridad de haberes, y me fui, con más ganas aun de encerrarme.
Tomo mates, Laviga. Escucho rock en castellano, esa baraja trabajosa de las horas de bar. Esa notabilidad. Una mujer me dicta: "la soledad es una realidad". Ácidos al reproche. Un saber tan obvio, querer verlo hondo. Prendo un pucho, escucho el '63 de la Fito, preparo el tan demorado, y lo será todavía, carnaval y delicia entre mis cosas, intento darme al hunde.
Grato sería. Pero hay cierta propiedad en los gestos, olvidada.
-----
La Fito es agasajo. Palabras pobres. El olvido, sólo deseado. Lo de la Pizarnik: te estrellarás contra la rosa, que vencerá tu mirada. Poder de lo inmarcesible, tan odiado: y ése es el fantasma, che -y ahora te hablo a vos-. Lustros intentando aniquilar recuerdos. Oxímoron del rostro: flash encendido, dulce vela, peñasco de la aljaba puede. Y así, gozoso, soy este lenguaje: mi habitáculo. Y el recupere es quiebre. Hablando mansedumbres de dolido, sabrás. Y que se cierre el blog: carpa en nosotros. Y que es mentira todo: la edad dorada, de repetirla, es grotesca, y mi maldito esteticismo es querer. Sola una lumbre, para un rincón. Muy penoso, muy deleznable. Amo mi lenguaje.
Nido de víboras que colman una tumba, sebo de cenizas, Laviga. Umbanda el estallido, soledad el zumbar de la pecé, todos tenemos ritos. A Christian le decía del color inusual del azulejo, cuando la euforia, sumada la fosforescencia. Sajarse a lo loco: ése, el espectáculo aplaudido. Se ven cosas horribles. Cárceles horribles. Gruñidos horribles, fieros. Eso es, y nada más, la soledad: y me desmadro. Prendo otro pucho, delimito el cáncer, pienso en el silencio que ahora suena. Y pienso que no es nada, esto es, que es un silencio de teclear. Humor neutro.
No tan honesto, cruce de entimemas, medís y no sabés, severa regla de tasar estímulos, pabellón La Mansa, no es eso hablar. Diversas que rodeo, si voy al muere, ¿aceptarías decepción?, por mor de claridad, entonces dije.
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Qué feo despertar: depre, decepcionado, malo. Leí Leopardi, ese heroico descabalable, aunque muy al rato logré darme cuenta de que sus versitos -su traducción, encima- tenían algo más que sonidos. Comí un buen estofado, y me embolé con mi depre: sencilla, muy vencible, aunque no tan inocua: me lleva a la deriva, una vez más.
Y cómo no amar la deriva: me da la posibilidad de escribir. De darme el tiempo de decir. Por más que la sequía, por más que ojos secos. Hundido en el colchón, respiré, retomé el libro y, vencido y más pálido que arrabal, me fui a terapia. Y por una vez mi analista no me sedujo, no me derrotó en claridad de haberes, y me fui, con más ganas aun de encerrarme.
Tomo mates, Laviga. Escucho rock en castellano, esa baraja trabajosa de las horas de bar. Esa notabilidad. Una mujer me dicta: "la soledad es una realidad". Ácidos al reproche. Un saber tan obvio, querer verlo hondo. Prendo un pucho, escucho el '63 de la Fito, preparo el tan demorado, y lo será todavía, carnaval y delicia entre mis cosas, intento darme al hunde.
Grato sería. Pero hay cierta propiedad en los gestos, olvidada.
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La Fito es agasajo. Palabras pobres. El olvido, sólo deseado. Lo de la Pizarnik: te estrellarás contra la rosa, que vencerá tu mirada. Poder de lo inmarcesible, tan odiado: y ése es el fantasma, che -y ahora te hablo a vos-. Lustros intentando aniquilar recuerdos. Oxímoron del rostro: flash encendido, dulce vela, peñasco de la aljaba puede. Y así, gozoso, soy este lenguaje: mi habitáculo. Y el recupere es quiebre. Hablando mansedumbres de dolido, sabrás. Y que se cierre el blog: carpa en nosotros. Y que es mentira todo: la edad dorada, de repetirla, es grotesca, y mi maldito esteticismo es querer. Sola una lumbre, para un rincón. Muy penoso, muy deleznable. Amo mi lenguaje.
Nido de víboras que colman una tumba, sebo de cenizas, Laviga. Umbanda el estallido, soledad el zumbar de la pecé, todos tenemos ritos. A Christian le decía del color inusual del azulejo, cuando la euforia, sumada la fosforescencia. Sajarse a lo loco: ése, el espectáculo aplaudido. Se ven cosas horribles. Cárceles horribles. Gruñidos horribles, fieros. Eso es, y nada más, la soledad: y me desmadro. Prendo otro pucho, delimito el cáncer, pienso en el silencio que ahora suena. Y pienso que no es nada, esto es, que es un silencio de teclear. Humor neutro.
5 de septiembre de 2008
Palotes
Emolumento artrítico, vacío considerable y tendencioso, domeñé miriñaques con alcancías y un fiel -un fiel de noche, un fiel sin las cenizas que flotaban-, lenguaje exangüe y minucioso o nada, celo en el dolor de panza o corvas contra el vislumbre: los sintagmas.
Sintagma y nombre, vejámenes y la bóveda supralunar o escupitajo de los alicaídos, combinación o puerta que el oxímoron relamió, como gata que espera su huesito, la hacienda de cada percal desmoronándose. Navíos a la deriva, locura no delirante o vislumbre de los estadios de Alejandro Magno, deporte cuerpos envejecidos.
Liza y Picasso, tocada con las perlas de sudor de alfanje, vivimos en la ñata de atardecer ojeras, o de observancias de los mecanismos/trucos a que solemos apelar por mor de esa típica fascinación/desplante. Desplante o cinamomos, desplante o las cotorras que injurian gratarola, palos borrachos con las espinas que dio vuelta el celoso, celoso de cada nombre que es diadema, y la clavija que te carcome el esternón y parte.
Así, monedas pobres. Así, la mariposa que mancilla grutas de esperpento. Así, una ventana abierta de esperar a la que cogió, hambruna y desazón/cenizas, prendo mi llave al recibir meandros, los todo ignotos, cada acontecer.
(Retórica, fieltro de rioba, había una mujer que caminaba. Ladeando su cabeza me decía: "sí, soy otra". Y en la otredad había escorbuto, golpes, espera maniatada, anoche vi algo de antes y de ahora, violencia contra los cuerpos adolescentes que hubiéronse indignado, Galán/Esfinge de sus canas, los picanearon, como ese hentai que se agita bajo cualquier superficie, y horadamos porque alguien hubo ahí, todo huesito es pauta de inúmeras violencias, y la mujer me saludó, temí, apagué el mate, y los fenómenos están quietos, y no me maravilla, porque la maravilla es padecimiento en éxtasis.)
Sintagma y nombre, vejámenes y la bóveda supralunar o escupitajo de los alicaídos, combinación o puerta que el oxímoron relamió, como gata que espera su huesito, la hacienda de cada percal desmoronándose. Navíos a la deriva, locura no delirante o vislumbre de los estadios de Alejandro Magno, deporte cuerpos envejecidos.
Liza y Picasso, tocada con las perlas de sudor de alfanje, vivimos en la ñata de atardecer ojeras, o de observancias de los mecanismos/trucos a que solemos apelar por mor de esa típica fascinación/desplante. Desplante o cinamomos, desplante o las cotorras que injurian gratarola, palos borrachos con las espinas que dio vuelta el celoso, celoso de cada nombre que es diadema, y la clavija que te carcome el esternón y parte.
Así, monedas pobres. Así, la mariposa que mancilla grutas de esperpento. Así, una ventana abierta de esperar a la que cogió, hambruna y desazón/cenizas, prendo mi llave al recibir meandros, los todo ignotos, cada acontecer.
(Retórica, fieltro de rioba, había una mujer que caminaba. Ladeando su cabeza me decía: "sí, soy otra". Y en la otredad había escorbuto, golpes, espera maniatada, anoche vi algo de antes y de ahora, violencia contra los cuerpos adolescentes que hubiéronse indignado, Galán/Esfinge de sus canas, los picanearon, como ese hentai que se agita bajo cualquier superficie, y horadamos porque alguien hubo ahí, todo huesito es pauta de inúmeras violencias, y la mujer me saludó, temí, apagué el mate, y los fenómenos están quietos, y no me maravilla, porque la maravilla es padecimiento en éxtasis.)
25 de agosto de 2008
Qué gracioso
Nos engañamos, che: tenemos esa edad que tenemos, y todos los nuevos lo saben. Y te marcan con el Ud., basándose en familias y sistemas, y no se equivocan. Mis sienes comienzan a platearse. Vos te podrás teñir, pero pasaste ya, y varias veces, por la increíble maternidad; y eso se nota, creeme. Por más que aparentemos 35, no es joven esa edad.
Te cuento que le cuento a alguien más que el mate es otro modo de mi culto a vos; huesos crujientes son, lógicamente, soledad, distancia -de todo cuerpo lozano, es necesario-. Llaves irrisorias, por arbitrarias, para los de palo; y sé que vos misma te sonreís, irónica, no desconcertada pero rechazando. Entonces crujo, entonces comienzo a cebar.
La edad nos destrozó. Me miro y no me miro en los espejos: no me soporto esa facha de cretino hundido, no debo aceptarla. Vos inmutable, sí, pero en voz y gestos. No podemos mentir lo esencial: tenemos una forma que nos es, que cada vez se pierde más en pasos/sierpe. Hablabas, claro, del jardín: tesoro frágil; y no enterdernos, chocar obligatorio.
Tengo una frase mía que hace poco te oí diciendo; y ya no sé si es mía o te la heredé: tal es jardín, perdido, morcelé: andróginos errando por mitades, me negaste. Hiciste el mundo: posás inaccesible por conducta.
Todos mis poemas de vos han sido verdaderos: porque te hablaba, ausente. Y la literatura es una chanchada triste.
Te cuento que le cuento a alguien más que el mate es otro modo de mi culto a vos; huesos crujientes son, lógicamente, soledad, distancia -de todo cuerpo lozano, es necesario-. Llaves irrisorias, por arbitrarias, para los de palo; y sé que vos misma te sonreís, irónica, no desconcertada pero rechazando. Entonces crujo, entonces comienzo a cebar.
La edad nos destrozó. Me miro y no me miro en los espejos: no me soporto esa facha de cretino hundido, no debo aceptarla. Vos inmutable, sí, pero en voz y gestos. No podemos mentir lo esencial: tenemos una forma que nos es, que cada vez se pierde más en pasos/sierpe. Hablabas, claro, del jardín: tesoro frágil; y no enterdernos, chocar obligatorio.
Tengo una frase mía que hace poco te oí diciendo; y ya no sé si es mía o te la heredé: tal es jardín, perdido, morcelé: andróginos errando por mitades, me negaste. Hiciste el mundo: posás inaccesible por conducta.
Todos mis poemas de vos han sido verdaderos: porque te hablaba, ausente. Y la literatura es una chanchada triste.
22 de agosto de 2008
Base del palimpsesto
Objetos de la descomposición, ardió su fiambre, como cualquier medalla solipsista, entre junturas grasas y cariacontecidos limos de adocenado endiosamiento o símil vaca. Desde arrecifes atisbó meandros; para saber, colapsó.
Todo lo suyo, un diente: crujía por mancuernas de Escamandro, y sopapeaba bichos o escribidores malditos, como si su montura, lazo cabal, no orinase. Anitra se ausentaba, paso sainete o pasión del manoseo requerible, duradero. Palabras como piedras, moléculas como cuentas, deshilvanó un esbozo de acercamiento o rapto veloz. Déficit de la memoria: brazo quebrado, visión de arrobo, requería como un lactante tontito. Podía percibir; prefería rascar lasañas de costeleta. Perchas.
Cuando el temita del giro, se detuvo ante un portón de antes, cornamentas como fusiles. Cebaba lo que oía, retroalimentación regulativa sus esquinas de besar putas de a montón. Cada vez que el cierzo, se extrañaba, irisación o velos como estropajos. Material que aprovechaba, cuando su dedo mayor o vela de lograr metas se fue -perdía casos-, dejó de ser humano. Entonces, arrejuntado en andas, resistió.
Mecacho en condición de alfanje, soñó la herida; porque de las mesas tendidas llega la cana. Todo se sabe, mi reprimido.
Todo lo suyo, un diente: crujía por mancuernas de Escamandro, y sopapeaba bichos o escribidores malditos, como si su montura, lazo cabal, no orinase. Anitra se ausentaba, paso sainete o pasión del manoseo requerible, duradero. Palabras como piedras, moléculas como cuentas, deshilvanó un esbozo de acercamiento o rapto veloz. Déficit de la memoria: brazo quebrado, visión de arrobo, requería como un lactante tontito. Podía percibir; prefería rascar lasañas de costeleta. Perchas.
Cuando el temita del giro, se detuvo ante un portón de antes, cornamentas como fusiles. Cebaba lo que oía, retroalimentación regulativa sus esquinas de besar putas de a montón. Cada vez que el cierzo, se extrañaba, irisación o velos como estropajos. Material que aprovechaba, cuando su dedo mayor o vela de lograr metas se fue -perdía casos-, dejó de ser humano. Entonces, arrejuntado en andas, resistió.
Mecacho en condición de alfanje, soñó la herida; porque de las mesas tendidas llega la cana. Todo se sabe, mi reprimido.
16 de agosto de 2008
[s/t]
Tiempo para mí. Linda siesta, de ojos cerrados. Y escribir: con ánimo dispuesto.
Suena Haendel, apenado, violín y oboe -y la base-. Olor a pata, no me pienso bañar. Fumo, preparo mate, veo un vasito de yogur, cuchara dentro, estancado de hace días, en esta mesa de durar. Hubo acomodo, al mediodía; pero difícilmente mi casa llegue a ser de las totalmente prolijas; de ésas de las viejas que barren la vereda, todos los días, a la misma hora.
(Sí: puedo estar en la inmundicia. Mientras no sufra hambre, todo lo acepto: estómago capaz.)
Fumo, espero el agua: música que suena, la brisa -ventana abierta, y se estremecen lentamente las cortinas, de a ratos-, perro que ladra, a lo lejos, sábado circular. No es fiaca: es ocupar la pieza, sin prisas, sin apuros, sólo porque estoy aquí; otras veces no ha sido así. Reinado diferente, consiste, más que en hacer lo que a se me cante, en no tener que hacer nada: no estar constreñido a nada. Aunque sea por un rato; imperio trivial y sabroso.
Así, yo por mi casa, panchamente establecido en este dominito. Pasa una moto, allá en la calle, y pasa. Como esos muy respetables -para mí- sabios que predecían el paso de una mosca (gloso mal), así me siento de sosegado. Un violín patético -tonos menores, disminuidos- reclama.
Toso para gallear; pero no puedo sacarlo, no puedo pelearlo. Lo trago. Como una flor 'hideuse' y bella que brota de un pantano neblinoso -la comparación no es exacta-, surge del acompañamiento orquestal un nítido violín, en este segundo movimiento, y finalmente todo queda suspendido. De hace más de 20 años que Haendel está en mi vida; lo mismo que varios otros barrocos. La técnica del violín depende de su historia, de su desarrollo real; lo cual es bastante razonable. Fumo para que pase el tiempo, lo sé; por más que la teleología toda derive de una simple estructura gramatical, y sólo eso sea. Que ya es mucho, por otra parte: ¿cómo desproveernos del 'para'?
Suena Haendel, apenado, violín y oboe -y la base-. Olor a pata, no me pienso bañar. Fumo, preparo mate, veo un vasito de yogur, cuchara dentro, estancado de hace días, en esta mesa de durar. Hubo acomodo, al mediodía; pero difícilmente mi casa llegue a ser de las totalmente prolijas; de ésas de las viejas que barren la vereda, todos los días, a la misma hora.
(Sí: puedo estar en la inmundicia. Mientras no sufra hambre, todo lo acepto: estómago capaz.)
Fumo, espero el agua: música que suena, la brisa -ventana abierta, y se estremecen lentamente las cortinas, de a ratos-, perro que ladra, a lo lejos, sábado circular. No es fiaca: es ocupar la pieza, sin prisas, sin apuros, sólo porque estoy aquí; otras veces no ha sido así. Reinado diferente, consiste, más que en hacer lo que a se me cante, en no tener que hacer nada: no estar constreñido a nada. Aunque sea por un rato; imperio trivial y sabroso.
Así, yo por mi casa, panchamente establecido en este dominito. Pasa una moto, allá en la calle, y pasa. Como esos muy respetables -para mí- sabios que predecían el paso de una mosca (gloso mal), así me siento de sosegado. Un violín patético -tonos menores, disminuidos- reclama.
Toso para gallear; pero no puedo sacarlo, no puedo pelearlo. Lo trago. Como una flor 'hideuse' y bella que brota de un pantano neblinoso -la comparación no es exacta-, surge del acompañamiento orquestal un nítido violín, en este segundo movimiento, y finalmente todo queda suspendido. De hace más de 20 años que Haendel está en mi vida; lo mismo que varios otros barrocos. La técnica del violín depende de su historia, de su desarrollo real; lo cual es bastante razonable. Fumo para que pase el tiempo, lo sé; por más que la teleología toda derive de una simple estructura gramatical, y sólo eso sea. Que ya es mucho, por otra parte: ¿cómo desproveernos del 'para'?
Tiempo al tiempo; aceite al engranaje.
12 de agosto de 2008
Diganlé...
diganlé ¡oh!/ diganlé que vaya a buscar/ a su amigo eterno/ todos con su fibra de láser/ sigan la mañana/ sin contar cada día/ ¡ah ahahah!
Madrugar, madrugar: por cuestiones de salud (pastillas). Encima, pocas horas de sueño. Podría haberme vuelto al sobre, pero no: me desperecé a lo largo de más de una hora, Esplendor mediante, tonificante, leyendo blogs. Y ahora, escuchar música, escribir. En CNPT, uno puede llegar a sentirse bastante bien, y hacer cosas de que disfruta.
Retomé filo. Y no sólo para llenar las horas (por más que, despechado o descreído o soberbio, algo así me hubiera prometido o prefigurado, hará un mes). No hay caso: me gusta. Me gusta el lento rigor que pueden llegar a alcanzar las argumentaciones, más allá de que hagas mera retórica persuasiva mal (¡la escritura!) o que estés "comprometido" con lo que estás diciendo.
Lenguaje muchas veces de mierda, no literario, digo, a veces ilegible, lo que les importa, al parecer, a muchos filósofos es a dónde les permiten llegar, con el pensamiento al menos, esos textitos "grudosos", redundantes, que a veces parecen escritos por idiotas obcecados.
Me pongo a observar también a los sucesivos profes (horas del día), su lenguaje, y muchas veces adoptan un lenguaje muy choto. Quiero decir: nos interpelan, por ejemplo, sin interpelarnos, esto es, en un diálogo forzado. Se olvidan de pasar la palabra, o la pasan mal. Se transforman, cuando empiezan a "hablar filosóficamente", claro.
Un amigo anduvo en evaluar la filosofía (sus supuestos; sus modelos de hombre, de sujeto, por caso) desde la sociología. Mirar qué se hace en la facu, en filo, desde la sociología, la antropología, la psicología: te seguís cagando de risa, a veces, pero un poquito más científicamente.
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"¡Éste es el hombre de hielo!": diez menos veinte de la mañana. "La música de los ochenta" (hubo muchas, como siempre; pero se entiende a qué me refiero) me la pasé por alto. La escuchaba de lejitos. Como andaba con el violín y con la música clásica, mi temprana norma -abandonada tipo 18- fue despreciar al rock, esa musiquita. Bien que sonaba; bien que, de un modo u otro, quedó en la memoria emotiva.
"¿No ves que ya no somos chiquitos?" Me crujo el morbo (quiero decir: la espalda), pienso en el morfi. Tengo una muela a la miseria: mal desperté, y andá a saber qué pase cuando mastique, y si podré masticar. Cielo azul, toque de gris, pájaros breves que se entrevén en vuelo: "¡Ludmiiila!". Muy por mí practicada técnica de escribir dejándome poseer por la música de turno; y abandonado tengo el escribir poemas. Llegaba a los 150, 200 por año: locura del aislamiento. Algo quedó de habilidad: para mejor o peor.
11 de agosto de 2008
Requisitoria fiscal
Qué lindo, un "Todo Shakespeare"; andá a saber cuándo lo termino. Me lo prestó una amiga que ahora lee Liliana Bodoc, alguien -mi amiga- a quien conozco de hace, calculábamos, 20 años. Y nos sabemos de memoria: por más que nos malentendemos muchas veces -casi que necesariamente-, hay cierto confort en mirar su rostro y saberlo, hay cierto bienestar (incluso espiritual) en agradarle. No soy amigo fiel, sino de siempre.
Tapas azules, 2 tomos, 2 columnas (la Biblia, bah), hojeo la intro del traductor. Gallegazo palmario, con la retórica al uso, esa erudita y medio floreada. Estoy decidiendo si leeré las notas al pie o si me castigaré con el texto purito: cada alternativa tiene lo suyo. Lo mío: seguir leyendo. Días inacabables de ser libresco: desayunar con libros, destinar la vigilia a los mismos, nunca soñar con ellos.
Fumo, claro. Me doy con Esplendor. Me tiro un pedo: largo, vibroso. Felisa toma agua de la bacha. Pasó el Día del Niño, no vi a ninguno de los de los parientes. Míos, no hay; tendría que chistearme alguito.
Ahora hay un nuevo Word cuyo formato no entiende el Writer 2.2. No quiero proselitear, pero tampoco me jodan a mí. Toso carraspeando: padezco mis 13 años de tabaco (¡la yeta!), por fin, al cabo. Felisa me mordisquea suavemente, juguetona, la pantorrilla desnuda, y luego corre, loca: comienza su jornada. Yo todavía me desperezo: las 7 horas de sueño, no estoy acostumbrado.
Fumo: es una afirmación, no sólo proposicional. Antes de hacerlo, escribí varias cositas con "alguien fuma" o similar: admiración del gesto, de la pose, de cómo se dispone un cuerpo dado a la hora de ¿argumentar? un cigarrillo. Será la publicidad, será alguien muy remoto, será una imagen firme: la cosa es que quedó. Fumo: y me maravillo.
Tapas azules, 2 tomos, 2 columnas (la Biblia, bah), hojeo la intro del traductor. Gallegazo palmario, con la retórica al uso, esa erudita y medio floreada. Estoy decidiendo si leeré las notas al pie o si me castigaré con el texto purito: cada alternativa tiene lo suyo. Lo mío: seguir leyendo. Días inacabables de ser libresco: desayunar con libros, destinar la vigilia a los mismos, nunca soñar con ellos.
Fumo, claro. Me doy con Esplendor. Me tiro un pedo: largo, vibroso. Felisa toma agua de la bacha. Pasó el Día del Niño, no vi a ninguno de los de los parientes. Míos, no hay; tendría que chistearme alguito.
Ahora hay un nuevo Word cuyo formato no entiende el Writer 2.2. No quiero proselitear, pero tampoco me jodan a mí. Toso carraspeando: padezco mis 13 años de tabaco (¡la yeta!), por fin, al cabo. Felisa me mordisquea suavemente, juguetona, la pantorrilla desnuda, y luego corre, loca: comienza su jornada. Yo todavía me desperezo: las 7 horas de sueño, no estoy acostumbrado.
Fumo: es una afirmación, no sólo proposicional. Antes de hacerlo, escribí varias cositas con "alguien fuma" o similar: admiración del gesto, de la pose, de cómo se dispone un cuerpo dado a la hora de ¿argumentar? un cigarrillo. Será la publicidad, será alguien muy remoto, será una imagen firme: la cosa es que quedó. Fumo: y me maravillo.
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