3 de septiembre de 2011

Fogonazo falaz

Fumo. Y me duele un poco la espalda, y sigo. Oigo un jazz suavecito; Gabo duerme el sueño de los justos, allá en la pieza, y no ha comido. Fumo y se me cierra el pecho, y toso y carraspeo: atabacamiento buscado.

Desperté quizá a las cuatro, ayer, y algo caché. Pasó mi vieja en algún momento. Cosas me contaba de su reciente televisión pública; cosas como la Pizarnik y su abrigo viejo, y que le quedaba algo grande, y sobre su leer, leer, leer, según la hermana. Yo fui a comprarme un sanguchón de milanesa de pollo y la fantita de rigor, y conversamos otro rato, peluquería y cine. Luego partió, y me quedé con Girri.

Cayó el Gabo con dos más. Partieron al rato esos dos y tomamos un par de birras "sintiendo" Martín Buscaglia ("¡¿pero quién es ese muerto?!"). Como hace tres o cuatro días borré todo en la compu (Fedora 15 de cero), cientos de discos incluidos, hubo que bajar de nuevo Golpes al vacío. Luego mateamos, y el muy guasito se fue a dormir. Anduve un poco con la Anthologie... de La Pléiade (voy por la 660, más o menos; son creo que 824), comí papa hervida (noble nutriente), y terminé de releer no sé cuál Diario de poesía. La gata parece que ha quedado afuera pero no llama. Me vengo a Magnolia, anoto cosas.

Prendo un pucho. Subo el volumen desde el equipito. El disco en cuestión se llama Brain Dance, y pertenece a Carlo De Rosa's Cross-Fade. El enchastre que mencionaba ayer ha sido mayormente subsanado: el suelo quedó un poquitín pegajoso, sólo hay que seguir pisando. Hoy no leí mucho que digamos las cosas del Google Reader. Me aburre: es estar demasiado con los mismos autores, es pecar de prolijidad. Lo peor es que siempre leo en orden y, así, todos los días me engluto varios posts del demasiado ubérrimo de Neorrabioso, y, cuando continúo con los otros, llego cansado. Oficinistas de la escritura: así nos quieren Google Reader, Blogger y demás.

(Tomarse el palo: eso es agradable. Ir pasando por libros muy al azar, o no leer ninguno, por un buen tiempo, y ya. Estar al pedo: comer cuando pique el bagre, dormir cuando pinte. Ser animalito de Dios. Sólo fumar.)

Algunas cosas he anotado, estos días, en el Diario, sobre escuchar música, digo. Me acuerdo de algo que un neurocientífico comentaba sobre qué pasaba en el cerebro cuando uno oía algo así. Algo así: música. No recuerdo qué decía, pero la cosa es que el enfoque, la manera de abordar el asunto (como experiencia) era algo muy loco, algo analizado haciendo uso de una terminología para mí inusual. Era analizar la cuestión con herramientas conceptuales para nada humanísticas. Y eso me generaba interés y perplejidad a la vez.

Uno, al escribir, amasa. Relaciona, se pierde. Le busca la vuelta. Todo está por hacerse: en uno, en su propia escritura. Esos neurocientíficos consideraban un lapso de tiempo abismal: el hombre y su percepción de la música en el contexto de la evolución. Funciones como capas o estratos que se solapan. Ruido como señal de alerta en la noche de la visión endeble. Algo que se continuaría en lo sobrecogedor propio de la vivencia de lo sublime, pongamos.

Conceptos que hay que imaginar, colegir, casi que prefigurar. Ese lapso de tiempo muy poco representable, puesto al lado de la historia de la música (no sólo la erudita) en Occidente. Fumo y escucho un saxo tenor improvisando en "Terrane / A Phase". No hay que ser demasiado consciente de la historia de una disciplina artística: uno surfea por un rato la cresta de la ola, hace alguna pirueta sobre la tabla, llega a la costa. Y la ola y la tabla, y la costa misma: marcadas por la historia. Y los movimientos y las expectativas del cuerpo mismo del surfer, y obvio que también su malla: somos hijos del tiempo.

Sí: demasiada imaginación, demasiados pocos datos: maldita subdeterminación. Uno amasa con muy poca harina, y encima se pasó de sal. Estudiar es para otros. Por lo pronto, escucho el final del tema, anoto cosas. Mi escritura va a la deriva, hoy por hoy y de hace algún tiempo, y ya no sé qué importa. Fogonazo falaz, éste que propongo acerca de la música: tanto que la amo, y no sé hablar de ella. Para ella.

3 comentarios:

  1. Ayer Vero me pasó el link a este blog.

    Justo, me había fijado en un post donde el tipo habla de la difucltad de hablar (escribir) sobre música (lo piensa, de mínima, como un problema de "traducción").

    Para mi, la cuestión es poética. Pero claro, es un riesgo. Un abrazo.

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  2. Uh, un blog nuevo más... Te agradezco la intención (denota interés). Dame un par de días para (empezar a) hojearlo. Si tenés a mano el post en concreto, te ruego que me lo pases.

    Con respecto a lo que escribía yo, daba como que cuenta de una impotencia para escribir del tema, más allá del desconocimiento de un montón de cosas. Y sí, me parece que la cosa pasa por ¿emular? la música mediante una prosa con algún vuelo poético. No es lo mismo, claro. Cuando más cómodo me siento es cuando la música me inspira frases. Puede que las mismas no tengan que ver con ese origen, pero, al releerlas al tiempo, todavía me doy cuenta de que de algo nacían; que había una especie de fuerza o impulso que las motivaba.

    Gran abrazo.

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  3. El post es este.

    La idea pasa medio al vuelo, porque en realidad está promocionando u libro suyo, y parece que es una idea sobre la que "reincide", pero no rastreé la mención anterior.

    De más está decir que me encanta escribir de (ante bajo cabe con) música.

    Creo que el ejercicio vale cunaod uno reuncia desde el vamos a revelar, interpretar o comunicar alguna escencia. Bah, qué se yo.

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Micrófono abierto a las voces del alma de turno.