20 de enero de 2012

¿Ha escuchado usted alguna sinfonía de Gösta Nystroem?

Escucho una sinfonía de un tal Gösta Nystroem -podcast que descargué de la Radio Clásica de la RTVE-, mientras se escuchan las rueditas de plástico del coche de juguete de la hijita de los vecinos del fondo (de). Hará una hora salí a caminar, interrumpiendo la lectura de un ensayo de la Hablar de poesía nº 22 que me agencié ayer -gracias, El Espejo, por conseguírmela-, y volví a eso de las siete y media. El sol ya había bajado un poco: fui por la Agustín Garzón hasta las vías y pegué, sin más, la vuelta, y en todo el trayecto tuve más bien vereda con sombra. Me había puesto la remera polo amarilla, la que me queda bien chiconga, y sólo llevaba conmigo una agüita en una mano, y las llaves y $7,50 hechos un bollo en la otra. 

Y ahora escucho, por primera vez en la vida, una sinfonía, la nº 4, de Gösta Nystroem. Y googleo el nombre. De Suecia. Wikipedia tiene artículo en inglés, sí, pero, al parecer, no en español (¿traducirás?). Las escasas líneas que Vidas y Biografías le dedica no me alcanzan. Tampoco busco mucho más: no a la pavada. 

¿Quién fue este tal Gösta? ¿Qué hizo, y qué no hizo, mientras anduvo por este nuestro "Valle de Lágrimas"? ¿Y por qué lo escucho ahora, por qué escribo sobre él, qué me -qué les- importa, queridos lectores? 

Gösta: producto de mi rutina de escuchar el programa "Los Raros" mientras escribo, o mientras cocino, o incluso sin hacer nada, sólo oyendo, sagrada Música. Gösta: probablemente olvidaré pronto ese nombre. O no: al escribir sobre él lo fijo, de algún modo, en mí. No sé si en la memoria. No sé si en mis intereses. Al escribir su nombre, al repetirlo, le hago un lugarcito en este texto. ¿Vendrá un pintor -a finales del siglo XXI, pongamos- que se topará con estas anotaciones? ¿Me retratará? ¿Simplemente pondrá "Córdoba, Argentina" (¡o incluso "Pablo Seguí"!) en Google? 

Búsqueda de lo raro por lo raro. ¿Es eso? ¿Es realmente raro, eso? ¿Qué es lo raro? Esta música ¿cayó en el olvido? ¿Cómo son las cosas, allá en Suecia, para con el bueno de Gösta, ese viejo-peludo-estatua-ecuestre al que tanto quieren? ¿Cuántos escucharon este programa? Toso y escucho lloriquear a la nenita del fondo. Lamento desgarrador y gimoteante, del que no quedará memoria sino por esta prosa, transitoria también ella, tempus fugit... 

Fumo. Leía, hace un rato, la Rolling de este mes. Eso fue después de comer. Comí tarde, y me recosté en la cama con la revista. Escuchaba Bipolar y me volvía a sorprender con estos uruguayos, tan notables. Bueno: leía un especial sobre reggae argentino. En especial, leía una nota sobre Dread-Mar-I (tuve que consultar la revista para verificar que escribo bien el nombre del guaso). Porque me encanta divertirme con las prositas de la Rolling, porque me encanta leerlas y olvidarlas (hago lo mismo con muchos de los libros que leo, digo, olvidar), porque me encanta su estramboticidad total y cheta. 

Hay que estar en la pomada. Éste es un mandato que todos cumplimos, gozosos. Y la pomada es múltiple. Y varía de persona a persona: mayormente. Mi pomada pasa por escuchar cada tanto "Los Raros", googlear el nombre del compositor del caso, y pensar. Pensar, sin más: en la "Vanidad de Vanidades", y en Pampita, que también pasará. Pensar, por ejemplo: en qué fue moda para mi vieja (a quien saludo cariñosamente en el día de su cumpleaños), allá por sus 20, y qué pegaba. Acordarme, es decir, pensar: en ese vinilo de Eddie Gómez (¿se llamaba así, la vaga?, ¿no era Górmez?) que había en casa, y que nunca escuché. Lamentarme, es decir, pensar: en que no podré escuchar todo, en que no somos eternos, Saber Total. Y ni siquiera longevos, sino Perimibles. Por ahí, un poco longevistas, Macedonio, sí (pero también nos gusta el reviente, a varios de nosotros, al menos por un rato). 

¿Hacer historia de "la industria cultural"? ¿Para qué? ¿Con qué objeto? Devaneos y berrinches atrabiliarios, no nos tomamos en serio, sí, pero tampoco nos entregamos del todo a la corriente de los días. Pensaba, esto es, temía: que en realidad estoy haciendo mierda La Obra A Legar. Eso: no me tomo en serio sino circunstancialmente, y ningún Sentido Duradero (filosofia perennis) me atraviesa. Sólo: leer y escribir: a la bartola, más bien.

Ándame, por estos días, rondando el fantasma de Tolstoi, aparecido en una conversación reciente y muy sabrosa, y también, de algún modo, a partir de algo leído justamente en la Hablar de poesía que mencioné más arriba. ¿Para qué el Arte? ¿Para qué leer y escribir? ¿Me lo planteo realmente, acaso? ¿La Belleza? ¿Las Pelotas de Morondanga, Soterradas y Frías? Hay un hábito, una rutina, sí, altamente satisfactorios; pero eso no me justifica del todo, pienso. ¿Y si en el fondo sólo me estoy limitando a vegetar? ¿Y si de algún modo estoy siendo un Conformista de los no-Milagros? ¿Y si la Política es la posta -todo es política, muchachos-, y acá, como decía el tío del Gabo, se está muriendo gente que nunca antes se había muerto? ¿Y si los tiros de anoche, y entonces hay que ponerse a mandarse, uno también, La Gran Giannuzzi como mínimo y, como más, qué sé yo, no tengo idea? ¿A quién le sirve este post? 

Pensar a mano alzada: y con la freneticidad de un imberbe. ¿Qué pasa en el mundo? Esto, al menos: alguien escucha, por primera vez, una sinfonía de un sueco (ya de no ser) y escribe algunas cosas. Y fuma. Y caminó, por la tarde, y ahora oscureció; y es un desocupado. Alguien que es un desocupado escribe. 

Así, fumo. Se escucha un avión, una moto. La música se pierde en un pianissimo, y luego crece: de pronto. Ahora llega, lentamente, la soledad, la sobriedad, la meditación. ¿Qué estoy haciendo, yo, al escribir ahora, acá? (El pico, la pala. Ensuciarse las manos.) Pero no: uno busca Lo Real. Lo Más Real entre Lo Real. No hay modo de hacer otra cosa. No ahora. Este texto debe ser concluido, y corregido, y publicado. Y no hay otra cosa en el mundo más importante que eso. 

¿Por qué Gösta Nystroem hizo la sinfonía que ahora estoy escuchando? Había que hacerla. ¿Urgentemente? Si la cosa no le hubiera urgido, más le hubiera valido ponerse a carpir la tierra. Realmente, uno pierde muchísimo tiempo leyendo, escribiendo. ¿Para qué molestarse tanto, si no llega a urgir, a escocer? Y vaya uno a saber si es tan así. 

Prosa relajadita, ésta. Con pespuntes de confusión, de abismitos que quizá sean más bien pobretones, típicos de post adolescente -¡todavía!- inmadurito mal. Pero había que escribirla. Quito una máscara, juego con otra: tempus fugit; y nosotros con él. ¡Y qué asqueroso sería llegar al final habiéndose mandado tanto la parte...!

4 comentarios:

  1. Pablo:

    siempre placentero (para mí) leer tus disquisiciones, vía para tus planteos en el terreno existencial de la duda.

    quien concluye pronto muere?... pareciera... al menos hasta la próxima duda (me parece), dudo... ponele.

    se leería bueno si escribiera que aprovecho esta "cajita" para dejarte los merecidos (por vos) saludos luego de un lapso prolongado de no dar señales de vida... pero, nobleza obliga: dejo sugerencia de consulta a tu madre: la cantante de marras no sería Eydie Gormé?.

    gran abrazo gran (para vos).

    se vemo.-

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  2. La cantante es algo así, pero no me suena del todo la grafía que proponés. ¿No había un algo así como Eddie Gómez bajista de Bill Evans? Ya me lo contará, con respecto a la primera, mi benemérita.

    Abrazo, Ignoto. A ver si por ahí te aparecés por el chat.

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  3. Hola, Pablo, he probado a poner a Nystroem en youtube. No hay mucho, pero quién sabe, igual encuentras alguna respuesta :) Yo he encontrado interrogantes, y como prefiero éstos a las respuestas, te estoy muy agradecido por compartir su nombre con nosotros. Un abrazo desde un paisaje nevado.

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  4. ¿Qué tal, Jorge? Sí: es el nombre de un compositor más bien ignoto. Los interrogantes míos nacían un poco más bien de escucharlo, pero no se centraban en el bueno de Gösta. Quién sabe si lo escucharé de nuevo. Abrazo.

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Micrófono abierto a las voces del alma de turno.