6 de septiembre de 2007

Bernardo Kordon es un escritor simpático. Pero tiene escrito un libro, 600 millones y uno (1958), que es un panegírico del estado en que se encontraban la URSS y China en esa época. El título hace referencia a la cantidad aproximada de habitantes de China por ese tiempo. Kordon hace un viaje en el que la maravilla y la esperanza priman: no es que todo sea allí novedoso, sino que observa que la población es mayormente feliz, frente a la realidad de años o décadas atrás, en los mismos lugares.

También leo una recopilación de textos referidos al II Encuentro Internacional de Escritores Antifascistas, que se dio en España en julio de 1937, en plena Guerra Civil. Pese a que la República estaba seriamente amenazada (y sería de hecho vencida por Franco en 1939), se respiraba también en estos textos un gran optimismo. De hecho, la gran mayoría, si no todos, pensaban que iban a ganar.

Textos viejos ya, que chocan con lo que se respira en la Argentina de hoy: individualismo, descreimiento de todo, cinismo. La memoria se borra rápidamente. Hace 60 años, un escritor podía viajar a los países socialistas (viaje quizá pagado por "el Partido", como se le decía), y a su regreso publicar en Buenos Aires un elogio de lo allí encontrado. Hoy, Bernardo Kordon ha sido prácticamente olvidado: a excepción del poema que le dedica Joaquín O. Giannuzzi, donde lo exalta por esas dos virtudes: viajero y cronista.

1 comentario:

  1. Recuerdo, de Kordon, unos cuentos en los que imperaba un absurdo (que, actualmente, podría llamarse naif) contagioso, hilarante, simpático, como vos decís, Tamarit.
    Respecto de los viajes de escritores a los países socialistas, sí, Tuñón (Raúl) viajó y luego escribió sobre eso, y también recuerdo ahora a algunos de los integrantes del llamado grupo de Boedo.
    Elías Castelnuovo, si no me equivoco, cuenta en sus memorias un viaje que hace en un vagón de tren atestado de rusos, en la URSS. De pronto, saca de su equipaje un mate y lo prepara. Los rusos miran sospechosamente cómo Castelnuovo sorbe la bombilla. Le preguntan qué es lo que está tomando. Castelnuovo no sabe cómo decir "yerba" y les dice que se trata de un té sudamericano.Dado que a los rusos les encanta el té, quieren probar el mate. Castelnuovo comenta jocoso las expresiones de asco que se abren en las caras de los rusos y cómo le replican que eso no se parece en nada al té.

    Me extiendo demasiado, Tamarit.

    Mi admiración y mi respeto de siempre.

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