31 de agosto de 2007

Vi anoche, en devedé, una película de Eric Rohmer, La dama y el duque. Bella película, aunque algo pesada (dura dos horas). Busqué hoy en Google información sobre la misma, y leí varios de los diez primeros resultados. Al parecer, las aguas se dividen entre quienes la consideran reaccionaria (esto es: que la leen políticamente), y quienes encuentran en ella un film de calidad (punto de vista esteticista). Para ser bien maniqueo.

La película se basa en un libro escrito por una escocesa, relacionada con la aristocracia francesa de alrededor de 1789 (esto es: la que cae por la Revolución), que cuenta los horrores a los que debió asistir, cómo, según sus ideales pero sobre todo sus sentimientos, apoyó al bando vencido, y, finalmente, cómo sobrevivió (para así, luego, poder escribir dicho libro).

Los escenarios son irreales. Parecen pinturas neoclásicas, no sólo por los edificios de los exteriores, sino por su coloración. Es una lenta novela a modo de película, con mucho de teatro, que se apoya casi prácticamente en los diálogos. La historia avanza muy lentamente. Sin embargo, el horror, cuando aparece, es mostrado con toda crudeza; por lo demás, hay mucha conversación en interiores, retórica, posiciones encontradas.

Muchos dan por supuesto que los nobles debían morir. Cuando veía la escena de la muchedumbre llevando en una pica la cabeza guillotinada de una aristócrata, inmediatamente pensé en la barbarie pintada por Sarmiento en el Facundo. Las posiciones no son exactamente las mismas, pero la crueldad y el encarnizamiento sí.

Una película que se aparta de varias convenciones; entre ellas, la política. Es subjetiva, puesto que adopta, inevitablemente, el punto de vista de la escocesa. Un detalle curioso: carece de música de acompañamiento, a la vez que no es rápida; eso la hace agotadora, sobre todo si uno trata de no perder el hilo de cada detalle, detalles que a primera vista son simples, pero que si se toma como lección de artesanía digital (al parecer, los fondos son recreados de esa manera, si no entendí mal lo que leí en Google), pesan. Sin música y con pintura: otra manera de hacer cine.

2 comentarios:

  1. Tengo ganas de ver esa película, a causa de esta reseña. Vi alguna cosa de Rohmer, hace años, que me gustó.
    Siempre que te leo, Tamarit, tengo ganas de seguir leyendo.

    Un abrazo.

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  2. Yo estoy seguro, Tamarit, de haberte dejado un comentario a este post. POr favor, decime si no es así, porque entonces significa o bien que estoy envejeciendo o que los límites entre ficción y realidad dejaron de ser nítidos, para mí.

    De cualquier modo, te saludo, dejándote un abrazo.

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Micrófono abierto a las voces del alma de turno.