7 de abril de 2008

Por uno o dos años no veré a menudo avispas como la que está, ahora, de este lado del vidrio, cinturita conocida

Me mudo. Ayer llevamos los muebles, triangulando desde mi pieza de hijo a mi pieza de inquilino a mi depto de locatario, trayecto que duró un poquito más de una hora y que debió ser abonado por dos, "claro" (dijo el flete). El sábado por la noche estuve en un muy lindo asado, donde había muchos guitarristas y otros músicos, y se improvisó una pequeña orquesta de reincidentes, en la que hubo tal cantidad de percusión que hasta un tacho se ligó un bate de baqueta. Algo hice con un pinkullo, y se escucharon varios temas locales, del rock de Córdoba, de ese que (y encima ya) no es. Habré dormido cuatro horas y, cuando tomamos con el buen amigo que me dio una mano la cerveza de después de la mudanza, se impuso una siesta tan vehemente que tuve un sueño estrepitoso: pura sensación y músculos.

Otro amigo, que llegó tan tarde al sitio en cuestión que no nos encontró (faltan la luz y el gas en el depto) me regaló una panerita (nos vimos después), con lo que demostró su condición de previsor: los próximos dos años te puede faltar pan, pero, de conseguirlo, tenés dónde almacenarlo. Bah, ésa era la ilusión que me hacía. Mi amigo me aseguró que la compró sin saber exactamente para qué servía: chuchería de mimbre, promesa de habitabilidad, donde tan bien se puede colocar pan como papel, lapiceras, hilo, cospeles, la billetera, cualquier otra cosa. Habría que describirlo geométricamente, para complacer a Deleuze|Guattari, y usarlo así como se me cante: nada tiene un fin ínsito.

Tomo mates en lo de mis viejos, sin pensar en despedirme de este aquí, comiendo, qué se le va a hacer, un poco de miñón, con un mate lavado (como siempre), con visitas prometidas para las cinco y media. Leo Bâtons, chiffres et lettres, de Queneau, y me dan ganas de escribir a lo desastroso. El castellano casi que no precisa modificar su ortografía, pero pocas veces reflejamos el habla tal cual, en su sintaxis, por caso. Escribimos cosas bastante cadavéricas; bien que nos gusta.

1 comentario:

  1. Tamarit, y yo que me creía nómade, pero usted me gana! Cuánto cambio y música en su vida, cuánta cosa buena y entrañable. Yo creo (permítame darle esta opinión) que para ser feliz sólo se necesita eso, una panera.

    Albricias! Salud y Felicidad para su nueva vida!!!

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Micrófono abierto a las voces del alma de turno.