23 de julio de 2007

Las tardecitas de barrio de las afueras son agradables. Lo son más, al menos, que las de directamente las zonas rurales. En casas rodeadas de sembradíos, donde hay que caminar varios metros hasta llegar a la próxima casa, lo que queda, en invierno, es cobijarse del frío en las habitaciones, vacías, de poco mobiliario: lo conocido. En el barrio, después de caminar uno o dos kilómetros, el ambiente del cýber alcanza calores de cuerpos cercanos, y ese murmullo constante que de pronto sube por un chiquito jugando en red. Muchos chatean, aunque ahora no hay demasiada gente aquí. Porque la generalización oculta el testimonio.

Al parecer, todos se conocen. Yo medio que sería el gringo. Gracioso mote, para uno que nació en la misma ciudad. Porque marcan mucho los barrios, que son cantados, no por el rock porteño, sino por el cuarteto, curtido de presencias (y ausencias) cotidianas.

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Anoche le dí 25 centavos a un tipo que me los pidió, en el centro. Yo estaba con un amigo, que se puso en no prestar demasiada atención al pedigüeño; yo en cambio me puse a darle charla, no sé por qué, en plan amigable. El tipo se endulzó. "No hay que ser de ocultarse", decía, y no le entendía mucho. Después se apencó hasta que llegó el colectivo que esperaba. Habíamos quedado en que nos volveríamos a ver y que tomaríamos una cerveza. Mi amigo se fue, yo tomé el colectivo, y el tipo quedó plantado ahí, con su moneda plateada de 25.

Tipos que necesitan el no rechazo de los otros y que, acostumbrados por pedir a que los desprecien o los ignoren (paisaje en el paisaje), un mínimo de atención los emociona, pero falsamente, porque ahí cumplen el rol de la amistad, y simulan su carácter; como todos.

1 comentario:

  1. ¡uau! Me ha llegado mucho esto que escribiste. Me encanta tu retrato del linyera y del "barrio". También la frase: "Porque la generalización oculta el testimonio".

    Creo, Tamarit, que ya no sos solamente un poeta. Veo el narrador en vos, en un subgénero documentalista-descriptivo.
    ¡Felicitaciones!

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Micrófono abierto a las voces del alma de turno.