8 de julio de 2007

Pasar los días en ojotas, en este invierno cordobés. Frío en los pies, y, cuando me acuesto, imagino que me amputan los dedos, fiebre familiar. Mi pieza es helada, pero aquí, en la biblioteca, llega el calor cercano de las chimeneas, y de los radiadores. En ojotas en invierno (construcción que le sonaría mal a Onetti), y no me resfrío. Como un contraste, los pies, allá abajo, como no míos, y yo, aquí, abrigado y serio.

Ya llegó la noche. Los vidrios la muestran, no se ve casi nada de afuera. El reflejo habla de una mísera bombita -y podrían ser tres-, en el techo. Su fanal hace que la iluminación sea aún menor, pero la luz del monitor se refleja en el teclado, y se puede continuar escribiendo. Zumba la máquina, hay visitas, y no es que me cierre, pero no me seduce "compartir momentos". Hablar de cosas que no me interesan, practicar la sociabilidad con las caras de siempre: no, gracias.

Pero me acercan algo: Lina Nyberg, Open. No me sonó mal, y lo volveré a escuchar. Las horas de la música, de estar realmente dentro de la música, las voy recuperando: costosamente. Ése es el problema, con la música: cuando nos motiva a pensar en otras cosas, cuando no estamos dentro de los sonidos, se desmerece la música. Y es cosa de pena -como dirían los españoles viejos- para mí, habiendo sido músico, habiendo experimentado ese aspecto de inmersión en la música.

2 comentarios:

  1. ¡Ah la soledad! Algunos amamos la soledad. Pero sé que nunca estoy solo: una obra es un mensaje (no necesariamente "ideológico").
    Y estos "blogs" -además- permiten que el mensaje se convierta en comunicación, en un ida y vuelta.

    Chateaba contigo, Tamarit, acerca de este "no pensar", de tu "sumergirte" en la música, en la pintura, en lo que sea...
    Agregaría que la mente es un animal de hábitos, especialmente el hábito de pensar. Entonces no es tanto no pensar nunca, sino no pensar en el momento en que se presta atención a lo que nuestros sentidos nos informan. La mente, sola, "trabajará" más tarde sobre lo leído, escuchado, visto (inevitablemente).

    Quizás por eso después de una lectura muy extensa se produce ese vacío (o irritación, véase los comentarios) que mencionas en una entrada anterior.

    Cuando la mente incorpora nuevo contenido, se modifica a sí misma. Entonces toda obra tiene sin duda efectos, incluso más allá de la intención de su autor. Lo que es discutible es si la intención del autor es el único elemento influyente. Si por el contrario consideramos a la lectura como igualmente importante, entonces podemos hablar de comunicación. Y donde hay comunicación no hay soledad.

    Entonces podemos decir que nadie está solo, en todo caso algunos de nosotros preferimos cierto tipo de comunicaciones y otros prefieren otros modos (como la "sociabilidad" que mencionas, Tamarit).

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  2. Vaya a saber cómo es la cosa, y la idiosincrasia de cada uno, tatva. Encima, cada uno encuentra palabras diferentes para referirse a lo suyo: a sus actividades cotidianas, para empezar.

    Un gran abrazo, tatva.

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Micrófono abierto a las voces del alma de turno.