2 de julio de 2007

Qué vacío provoca leer durante todo un día. Acabo un libro, la inercia ejerce, pero ya ningún otro libro me satisfará. Ayer terminé Poesías completas I, de Silvina Ocampo, en la edición en dos volúmenes de Emecé; avancé con El último oficio de Nietzsche, molesto libro de Tomás Abraham, que con la relectura mejoró, no obstante; y terminé la primera parte de A la sombra de las muchachas en flor.

Ya había pasado la medianoche, y no tenía sentido seguir leyendo. Es en esos casos que me viene bien agarrar mi Diario, y anotar cosas, tal como lo hago acá. Recupero mi cadencia, escribo escuchando música. Suavecita, no sea cosa de que tape el descansar de mi cabeza.

3 comentarios:

  1. no es un vacío.
    es una bella languidez.

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  2. Gracias, Mara, por leer y comentar esta entrada.

    Cuando pienso en la languidez, en una "bella languidez", sobre todo, me acuerdo del "Delectación morosa" de Lugones. No sé si el vacío del que hablo (lo que mencioné como vacío, en todo caso) me representa el mismo estado de ánimo.

    Tendría que haber escrito, más bien, exasperación; tendría que haber hablado de una emoción caracterizada por el enervamiento, la irritabilidad a cualquier nuevo libro leído o estímulo.

    Un beso, linda.

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  3. ¡es una bella languidez y sanseacabó!

    besitos

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Micrófono abierto a las voces del alma de turno.