10 de enero de 2009

Un mantra cordobés

Escucho, pues, la radio, y ejercito un nuevo tono: nuevo para lo que venía siendo, viejo ya para los lectores de antes. Saludo así a la cita tradicional en Argentina, por mor del arrastre que no se fugitiva ahora. Quiere jugar la gata, y tiene nombre; y se resbala, al frenar, garritas que no alcanzan para las baldosas, las clásicas también para muchos pisos.

Ciro de Los Piojos canta, grabación mediante -quiero, claro, suponer-, y me contengo de pasar al baño. Se oyen silbidos y grititos acá cerca, y pienso en el futuro próximo: no el modo verbal -otros idiomas-, sino aquello a lo que dicho modo hace referencia.

¿Predeciré una mosca al vuelo, acariciaré a la gata? Me dedico a lo segundo, respiro de recordar las fotos de Giselle recientemente vistas -paso de la pistolita, Giselle; me quedo con tu piel mucho más que blanca, y menos-, me acomodo el morbo, me contraigo, y sigo.

Prosa de nada decir, prosa de mi teclamen, recuerdo que mañana a las ocho de la tarde -aquí es la tarde- he de prender una vela, Franja de Gaza. - La gata guía mi mano con sus garritas delanteras, y se prepara, pongamos, para la noche. Contengo todavía el pasar al baño, y pienso un título. La mente, en blanco. Nada que hacer: hoy, solo.

2 comentarios:

  1. Wow , necesito mas tiempo para esto , Tamarit ( nombre hebreo de mujer, jeje )
    Vuelvo .

    ResponderEliminar
  2. Gracias, ele, por la visitita. Recordá también el libro de versos de García Lorca, "Diván de Tamarit". Best régards, :-)

    Pablo.-

    ResponderEliminar

Micrófono abierto a las voces del alma de turno.