19 de agosto de 2007

Un día frío, gris: como tantas cosas que pasan. Y pasan, y siguen pasando, y uno se acuerda de la antología de poesía anglosajona de Borges y Kodama (creo), ésa que tiene ese verso que dice, más o menos:

"Estas cosas pasaron. Otras pasarán."

Indecisión entre lo que sucede ahora y lo que se pierde en el tiempo. No me refería al estado de ánimo, aunque, representándome la cara que tengo ahora, la imagino apática, desentendida, con ganas de hacer cualquier otra cosa que estar escribiendo acá.

Como ser estrechado por los brazos de la desconocida: la que nunca llega; la imprevisible. Por lo tanto, me iré a leer probablemente poesía, y no escribiré nada de valor, porque falta mi sensación de palabras, esa que me indica que algo bueno está saliendo. Por lo pronto, un domingo igual me hace amelancolarme del pasado, me hace mirar el mate, frío ya, gris siempre su cobertura de metal, me hace querer recordar la música más que escucharla.

El pasto, quemado por el rigor del invierno, espera a que llegue su primavera. Un sitio tranquilo, un sitio para el olvido, un sitio que transcurre con otro tiempo que el del resto de la ciudad; un sitio de puertas adentro: eso es una casa, que algunas veces no es un hogar. Escribiendo en la penumbra de esta biblioteca, me doy cuenta de que los versos poco valen, de que las palabras poco valen, si se desencajan de lo que le sucede al otro.

Dos mujeres, hace muy poco tiempo, me criticaron cierta actitud en mis respuestas, algo que no veo. No es que no lo acepte, sino que sucede sin que me dé cuenta. ¿Ñañas de envejecido? ¿Ellas son diferentes a mí y no aceptan que diga que soy otro? En todo caso, quedé sorprendido en las dos ocasiones. El otro es una incógnita, y la prepotencia del ser del yo actúa impunemente.

En fin: los libros no contestan. Es la vieja crítica de Platón a la escritura. Los libros no responden y, más allá de que uno les plantee otras preguntas que las que están capacitados para responder, puede suceder, contrariamente, que tratemos a los otros como a textos. Doble peligro, una confusión.

1 comentario:

  1. sí, totalmente. interpretación incierta y equívoco permanente. hasta respecto de uno mismo. sobre todo de una misma. asombro de enterarse lo que opinan los otros de una, lo que nunc le dirían en la cara (no necesariamente por ser adversos).

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Micrófono abierto a las voces del alma de turno.