11 de marzo de 2008

Función de orquesta, morbo...

Función de orquesta, morbo, operatoria, rebaja; signos a discutir, lenguaje inpuro, no pulcro, las galas y tornabodas de un escalafón que ardió gracias a una molotov desprejuiciada, música a dos voces, trompeta dulce. --- Tomo un buen mate, yerba Romance, y escucho a una cantante llamada Ani DiFranco, apropinguado a este disco doble desde hace años, escuchado y vuelto a escuchar, cada tanto, claro. Dicen que son interesantes sus letras, hasta "instructivas", pero, por ahora -por ahora odio el inglés, no será fácil-, me quedo con el lindo timbre de su voz juguetona, significativa en tonos.

Solo en la casa, respiro contra cualquiera de los impedimentos habituales, en mangas de una remera que ya manché con mate, torpeza original, escribo nuevamente ordenado, y veo que, caleidoscopio de lo pasado, nada interesante hay para que cuente. Tengo un monitor más grande desde hace poco, combinado con Magnolia, ya doñita. Tiempos del aparataje capitalista, intento tirar a la red palabras propias, quizá sólo por la necesidad de escribir, y busco no ser preocupado por nada más en el mundo; al momento de redactar este tipeo, digo.

Prefiero no tener plan de producción. --- Cuerpos que pasan, niponamente vestidos, ya en otoño, sonrisas que retroceden de timidez a picardía, o frunces y desvíos. Camino entre cuerpos jóvenes, y ese bello sector de pasto ahora verde, con riachuelo incluso, descanso al caminar por una sendita polvorosa. De noche se oyen como grabaciones de pájaros en uno de los edificios de la ciudad universitaria: alarma contra mosquitos. Me crujo el cuerpo sin mayor voluptuosidad, tecleo mudo estas palabras, no pobres pero débiles (mudo: para la poesía me es necesario leer en voz alta). Y sigue Ani DiFranco, guitarra acústica, y la imagino con un rodete sencillo, palito chino marrón oscuro, muescado, y una gran remera floja. Debe ser petisa, seguramente.

1 comentario:

  1. Ani tiene la altura de Prince, o sea que sí, es petisa. Llegué a ella vía P., en los '90, y consumí ferozmente toda su enorme discografía. Plácida, desencantada o rabiosa me gusta todas las veces. Y su inglés vale mucho la pena, eh, así que hacé el esfuerzo.
    Saludos.

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Micrófono abierto a las voces del alma de turno.